Relato de un viaje a los campamentos de refugiados

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VIAJE AL SAHARA

Después de la grata experiencia del verano del 2013 con Bah decidimos participar en uno de los viajes que AMPUSASA organiza cada año a los Campamentos, para conocer a nuestra familia saharaui y su entorno.

Los campamentos de Refugiados Saharauis, están situados en la provincia de Tinduf al noroeste de Argelia.  Existen 6 campamentos cuyos nombres coinciden con ciudades del Sahara Occidental, su país, y están dirigidos por el gobierno de la RASD y el Frente Polisario (donde trabaja el hermano de Bah como policía, por un sueldo de 10€ al trimestre, si 10…) y otras organizaciones saharauis de la sociedad civil.

Cada campamento o Wilaya se divide en Dairas y estas a su vez se organizan por barrios, Bah es de la Wilaya de Auserd, de la Güera, en el Barrio 2. En cada barrio hay casas construidas con adobe sin paja, y cemento, con techos de chapa (imaginad la temperatura de dentro cuando la de fuera supera los 50º C) y unas piedras encima para evitar que se vuelen, al lado de cada casa hay una “Haima” que ACNUR ofrece a las familias para que vivan y que suelen utilizar en verano porque son más frescas, o como primera vivienda de los hijos recién casados hasta que pueden hacerse su casa.

Esta organización ha mejorado desde 1975 cuando llegaron los primeros refugiados a Argelia, pero el paso de los años, la incertidumbre de su presente y futuro, la situación de no guerra pero tampoco paz en la que se encuentran, la merma considerable de la ayuda  humanitaria, la impasividad de los países que apoyan el referéndum, y la desigualdad que están creando las familias con ayudas económicas a los niños acogidos ….. han  generado delincuencia que durante muchos años estuvo ausente.

Documentándonos un poco, preguntando a otras familias que habían viajado y consultando a la familia de Bah sobre sus necesidades, comenzamos a organizar el viaje; nuestro equipaje es escaso, poca ropa, gafas de sol y pañuelos (estando allí nos damos cuenta realmente de lo necesario que es para no estar todo el día masticando arena y con heridas en los ojos), y para ellos medicinas, ropa básica, material escolar, complementos, útiles de aseo …….(cosas que a nosotros nos parecía que iban a ser funcionales allí) miel y turrón que les encanta, 70 kg de regalos que repartimos nada más llegar.

Comienza el viaje de ida y nos damos cuenta de las diferencias culturales y organizativas: 22 horas de viaje, más de 10 controles policiales, un viaje en autobús (donado alli por el ayuntamiento de Bilbao) unos, y otros en camiones. Dos horas para recorrer 20 km, cada poco parada y registro por parte del frente Polisario, todos en caravana (por protección nuestra) hasta el último campamento.

Nos dejan allí  en un punto de encuentro que llaman “protocolo”, (impactante sensación) lugar donde todas las familias saharauis recogían a las españolas, excepto la nuestra que como no tiene coche, nos tuvimos que buscar la vida nosotros, pero “no pasa nada!!!!”, llegamos y toda la familia, padres, hermanos, primos, abuelos y tíos nos recibieron con los brazos abiertos y mucha alegría.

Y aquí empieza la convivencia!!!!!, y la diferencia!!!!

Comenzando desde la casa que tenía dos habitaciones con alfombra en el suelo, allí se come, se duerme, baila, descansa….. se hace toda la vida, otra habitación que era la cocina con el menaje para hacer un único plato cada vez y otra pequeña donde estaba el baño.

En los campamentos no hay luz, las familias que pueden tienen una placa solar para una bombilla en la habitación, tampoco hay agua corriente, les traen el agua en camiones que descargan en unos contenedores de metal a pleno sol  (el agua está racionada).

En un día normal, nos levantábamos a las 6:00h, porque los niños a las 7:00 entran al colegio y tienen más de 2km de distancia, van por la mañana durante todo el curso y también por la tarde en época de menos calor, al cole sin desayunar en la mayoría de los casos. Sobre las 8 íbamos a hacer la compra de la comida, como no hay frigo, con ese calor lo que se cocina hay que comerlo en el momento o echarlo a las cabras, por la tarde volvíamos a hacer la compra de la cena y desayuno del día siguiente.

Los saharauis son una sociedad matriarcal, donde las mujeres desempeñan un papel fundamental en la administración y gestión de la vivienda y de la propia familia, se percibía perfectamente en la casa de la abuela de Bah, porque en la suya, era la hermanan mayor la encargada de nuestro bienestar, son grandes anfitriones  y se preocupaban muchísimo de que no nos faltase de nada y estuviésemos cómodos y protegidos.

Preocupación que no se tiene por los pequeños de la casa, y que desde nuestras costumbres es un poco complicado de entender y compartir, aunque sí lo respetábamos.

Nos habían avisado de la tradición de matar un cabrito para celebrar nuestra llegada y agradecernos el acogimiento de Bah y a pesar de pedirles que no lo hiciesen porque sabemos el sacrificio económico que supone a una familia humilde comprar uno, la abuela lo compró, el abuelo lo mató y toda la familia lo comimos, cada uno en su sitio (allí no comen en la misma habitación las hijas mayores con el padre si han estado casadas, y tampoco el yerno y la hija en casa de los abuelos).

Hablando de comidas, cocinan muy parecido a nosotros, no son comidas muy especiadas tradicionales árabes, tienen más influencia española, la hermana mayor también era la encargada de cocinar (excepto el cuscus que la especialista era la madre), de ir a la compra y a cualquier otro sitio donde fuésemos nosotros porque no podemos salir de la casa solos y a las 6 de la tarde hay toque de queda por nuestra seguridad.

Respecto a las salidas, un día fuimos a otra wilaya a comer con unos familiares, otro a las dunas escoltados por cuatro coches de policía, también asistimos a una charla del delegado del gobierno de Auserd en la que dio la bienvenida a los españoles y reivindicó su derecho de autodeterminación, dos días  para comprar una bicicleta que no conseguimos encontrar para Bah y otro más a visitar su escuela y el centro médico para llevar más medicinas.

Pocas salidas para diez días y tantas horas perdidas se hacían eternos para los  que no teníamos  nada especial que hacer, además las temperaturas eran tan altas que hasta media tarde no se podía salir de casa. Aprovechábamos para jugar con los niños y ellos para bailar que era su entretenimiento favorito si no estaba el padre.

Bueno, el ritual del Té ocupaba gran parte del día, se tomaban más o menos 5  y cada uno duraba una hora aproximadamente, estaba muy rico, pero eran demasiados para la falta de costumbre que tenemos los españoles. Aunque solo por el ambiente que se formaba merecía la pena, toda la familia y los amigos que estaban por allí.

La vida en los campamentos es un claro ejemplo de lo que son rutinas!!!!, todos los días se hace lo mismo porque no se puede hacer algo diferente, los niños varían un poco más,van al cole, por las tardes juegan al fútbol y algunos corren con la bici (que no les durarán más de 2 meses porque las estropea la arena) también algunos ratos ven la TV juntos porque hay muy pocas familias que tengan. También les gusta atender sus gallinas y pastorear cabras aunque sean de otros ya tampoco todos pueden comprarlas.

Los jóvenes de 14 en adelante, se reúnen por las tardes fuera de las tiendas que en esos días tienen movimiento y están abiertas porque hay españoles en los campamentos, juegan algo al fútbol y hablan con nosotros de la esperanza de volver a “su tierra” pronto, a pesar de que esas generaciones han nacido en los campamentos.

Los adultos y ancianos, dejan pasar los días, viven cada jornada realizando las mismas tareas, rezan y parecen estar resignados a vivir así, porque han vivido allí tantos años sin que la situación con Marruecos haya cambiado, que son conscientes del abandono de todos los países respecto a conseguir sus derechos.

El escenario en el que viven es muy duro, no son las condiciones de hambruna del sur de África, pero pasan necesidad, las viviendas no están acondicionadas, sin agua, ni luz, en el desierto árido que no crece ni un cardo y sin posibilidades de volver al Sahara Occidental, no pueden trabajar en Argelia porque solo les permiten vivir en esa zona ……..

Durante el viaje, hemos aprendido un poco sobre sus costumbres, cultura, estilo de vida …, comprendido determinados comportamientos de Bah que desde nuestra mentalidad occidental no entendíamos y aprendido lo que es realmente importante y necesario para vivir.

Además hemos convivido con los valores sociales que parecen perdidos u olvidados en nuestra sociedad pero se mantienen en la suya, disfrutado de los atardeceres más maravillosos jamás vistos y como no, “descansado” ocho días, porque el viaje de vuelta duró 24 horas.

La despedida fue muy emotiva y triste, allí no se pueden mostrar los sentimientos abiertamente, pero era imposible no llorar al despedirte de personas a las que llegamos a querer como familiares y a las que no sabíamos si volveríamos a ver.

Una vez en casa pudimos analizar con calma, sin prejuicios y con empatía todo lo vivido y  la valoración global que hacemos de la experiencia es muy positiva, pensamos en volver pronto con otra mentalidad y regalos que ahora sabemos serán más útiles para ellos, porque con los folios que llevamos hicieron unos fantásticos aviones que después se comían las cabras, pero al colegio no llevaron ni uno!!!.

Os animamos a participar del proyecto de acogimiento de niños en verano, hay muchos más de los que pensamos.

Gracias!!!!!!!!!

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